El taller del maestro

Solamente un minuto de conversación y encuentra uno inmensa sabiduría en el maestro, y aunque en la política somos absolutamente diferentes (porque él es el nuevo ministro de modas del presidente Santos), quiero siempre parecerme a él en muchas cosas… yo lo admiro.

Es la fuerza del guerrero que lucha por los suyos.  Es el cariño del padre con sus hijos y nietos.  Es la paciencia de quien espera todo y nada.  Es la fortaleza de quien en soledad disfruta del tiempo que tiene y le queda.  Es el que pone la felicidad en una pequeña llamada.  Es el amor demostrado con hechos, más que con palabras…

Ese es don Enrique, el maestro en su taller.  Y yo quiero parecerme a él… aunque sea un poco.

Los viejos amores…

Hoy, desempolvando los libros de mi casa, me encontré con antiguas historias de viejos amores.  No de esos amores que dejan cicatrices profundas en el corazón, ni de aquellos amores de inocentes notitas en un cuaderno.  Son historias de amores que relatan alegrías y vivencias de la infancia, o de la adolescencia si se prefiere, y que hacen que el cerebro ordene esa carga química que produce la felicidad.

Pues bien, descubrí con esos viejos amores encontrados algo más que un simple recuerdo.  Descubrí la niña fantasiosa que inventaba historias a deshoras; descubrí la adolescente deseosa de amar en un rincón de la escuela; descubrí la mujer que quiere hacer feliz con una compra a su esposo…

Y también descubrí que a pesar de que ahora prefiero ver los noticieros, el anime y las historias de viejos amores seguirán haciendo parte de mi inconciente aún infantil, fantasioso y feliz.

Excusas para el amor

Cualquier cosa puede convertirse en una excusa para el amor:

Un lluvioso atardecer…

Un momento de celebración…

Una nota en la nevera…

Una palabra que saque a flote el inconciente…

Una flor cortada de paso…

Una canción interpretada con el alma…

Un antiguo perfume…

Una caricia a los recuerdos…

Unos tacones rojos…

Una mirada directa al corazón…

Sí… cualquier cosa puede convertirse en una excusa para el amor.

La conversación más común

La conversación más repetida por todo recién casado empieza siempre con la misma pregunta.  La respuesta puede ser diferente, pero la mayoría converge en la que yo he estado repitiendo por los últimos ocho meses de mi existencia…

- ¿Y para cuándo los niños?

- ¿Niños yo?

- Claro! Hay que formar rápido la familia!

Y yo que creía que ya tenía una familia formada… de dos, pero familia al fin y al cabo, respondí:

- Porque todavía no quiero tener bebés

- Y por qué esperar? Si son una bendición

- Porque prefiero las bendiciones en buen tiempo… no antes.

La lluvia y las ventanas

Resulta ahora que llueve. Tal como hace una hora, llueve y la brisa hace que las gotas golpeen contra la ventana. Esta mañana sucedió lo mismo. Calleron unas gotas de lluvia y la brisa hizo que la ventana terminara empapada.

No es muy común que haga frío en esta ciudad. Estoy aquí hace ya ocho meses y cada vez que llueve anhelo que haga frío… pero no. Aquí llueve, o se pone nublado, pero frío no se siente. Me parece raro… hay días que a lo lejos no se puede ver nada, por la neblina, pero no hace frío… ni un poquito. Por eso dejo abiertas las ventanas, mientras no se entre el agua.

Ahora llueve. Es una lluvia intermitente… viene, hace que se queda, pero luego se va. Caen relámpagos, suenan truenos, amenaza con un fuerte aguacero… pero no. Y cada vez que eso sucede, yo me pregunto:

¿CUÁNTAS VECES MÁS TENGO QUE SALIR CORRIENDO A CERRAR LAS BENDITAS VENTANAS?

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